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Las palabras y la forma en la que usamos el lenguaje son vital a la hora de dirigirnos a nuestros hijos e hijas. Y es que, nuestras palabras y acciones son las encargadas de explicar y construir su entorno y propio ser.

De hecho, todo lo que decimos y hacemos tiene un efecto y una consecuencia en los pequeños. Y tienen tanto valor porque ellos y ellas creen ciegamente en nosotros y presuponen que todo lo que decimos es la verdad absoluta.

Por eso, hemos de cuidar lo que decimos y hacemos, sobre todo en el momento de reprenderles, ya que, como consecuencia de nuestros nervios y falta de control, podemos decir o hacer cosas que no deseemos y causen un efecto negativo en ellos y ellas.

Cómo evitar decir palabras negativas

Lo primero que hemos de hacer es reconocer que, en ocasiones, perdemos el control. Y es entonces, en este momento, cuando decimos y hacemos cosas que no nos gustan y causan dolor en nuestros hijos e hijas.

Nadie duda que queremos a nuestros hijos y queremos protegerlos, sin embargo, en momentos de enfado podemos dejarnos ir por la ira y decir palabras que tienen consecuencias negativas en el desarrollo de nuestros hijos e hijas, incluso en su autoestima y visión de sí mismos.

Para evitarlo, hemos de desarrollar nuestro autocontrol, y para ello, antes de decir algo hiriente de lo que nos arrepintamos, hemos de darnos la oportunidad de evitarlo. Para lograrlo hay que aprender a manejar nuestras emociones y nuestra forma de reaccionar y actuar ante estas situaciones.

No reaccionar de forma explosiva, parar, respirar y reflexionar antes de actuar, alejarnos de la situación un momento para calmarnos o, si notamos que vamos a explotar y hay otra persona más calmada, dejarle actuar y alejarnos nosotros, estas son algunas de las acciones de autocontrol que podemos realizar.

El objetivo, al final, es evitar el grito, la ira descontrolada, el castigo o el chantaje. Con este tipo de acciones, como hemos dicho, creamos ansiedad y estrés en nuestros hijos e hijas, afectando a su autoestima y seguridad.

Podemos pensar que son métodos que se han utilizado tradicionalmente y, a simple vista, funcionan, ya que la situación que no nos gusta cesa, pero hemos de pensar más allá, en todo aquello que provoca en los pequeños y que no es beneficioso para ellos.

Hemos de cambiar educar desde el miedo por actuar desde un liderazgo positivo, estableciendo patrones de cooperación que consigan derribar la rebeldía en nuestros hijos e hijas. Pero antes de llegar a esta situación, hemos de eliminar las palabras hirientes cambiándolas por otras que sean más positivas y no produzcan consecuencias en los pequeños.

Qué palabras o acciones debemos evitar

Eres muy malo, te portas fatal, sacas lo peor de mí, ¿eres tonto o qué? Son frases desafortunadas que en un momento de ira podemos acabar diciendo a nuestros hijos o hijas. El problema es, como hemos comentado, que estas palabras repercuten en ellos de forma negativa y grave.

Y es que, las palabras le dan un mensaje erróneo de lo que son y afectan a su seguridad y confianza. Pero también, la forma en las que las pronunciamos o cómo actuamos ante momentos de enfado, con ira y gritos, les hace guiar su reacción y acción en un futuro, ya que lo imitan todo y somos su modelo a seguir.

El problema de las palabras negativas es que se quedan en la memoria a largo plazo, mientras que lo positivo es necesario que se repita más en el tiempo para que permanezca.

De esta manera, si lo que con más asiduidad escucha un niño o niña son palabras hirientes referidas a él, se hará una idea negativa de su persona, creyéndose inferior y afectando a su visión de sí mismo, creyéndolo e interiorizando.

Educamos entonces a niños y niñas que se creen malos, tontos, inferiores, que molestan, que no lo van a lograr, …  Pequeños con una visión muy negativa de ellos mismos que afecta a su desarrollo y relación con los demás y el mundo.

En cualquier caso, hemos de buscar las palabras que ejerzan un efecto positivo en ellos y construyan su imaginario de forma adecuada.

Algunos consejos:

  • No ser extremista. P.ej: Estoy harta de ti.
  • Usar el estar y no el ser. Al decir “eres” le estamos etiquetando, al decir “estar” hablamos de su comportamiento. No es lo mismo decir eres malo que no te estás portando bien.
  • No utilizar etiquetas para que no interioricen que son así y asocien esa palabra con su personalidad.
  • No compararles con otras personas. P.ej.: Aprende de tu hermano.
  • No decirles frases que les frustren y les desilusionan. P.ej.: No haces nada bien.
  • No avergonzarles, sobre todo en público, ya que minamos su autoestima. P.ej.: ¿No te da vergüenza lo que estás haciendo?
  • No culpabilizarles transmitiendo la idea de que nuestros problemas son culpa suya. P.ej.: Me vas a volver loco.
  • No utilizar amenazas ni chantajes, en positivo o negativo. En negativo erosionan la relación y les enseñamos que la intimidación es legítima. P.ej.: Si no te portas bien no te traerán nada los Reyes Magos. Pero tampoco en positivo. P.ej.: Si te portas bien te daré una chuche, ya que lo harán por el premio y no aprenderán por qué deben hacerlo.
  • Hablarles acorde a su edad para que entiendan lo que estamos corrigiendo o explicándoles, lo que se espera de él o ella y conozcan los límites.

En definitiva, se trata de darles las herramientas emocionales para que se desenvuelvan de forma adecuada y educar niños y niñas seguros. Las palabras son nuestro medio para comunicarnos, relacionarnos y conocer el mundo, son poderosas, por eso hemos de cuidarlas en todo momento, sobre todo en momentos delicados como cuando reprendemos a nuestros hijos e hijas.

Desde Grupo Sorolla Educación creemos en una educación desde el cariño, la protección y la contención, por ello, ayudamos a las familias en este maravilloso pero complicado camino que es acompañar y educar niños y niñas seguros, fuertes y autosuficientes para que estén preparados para cuando tengan que volar.

 

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