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“Qué difícil es ser padres y madres” pensamos muchos, y razón no nos falta. Nuestros retoños no vienen con un manual, por lo que nos toca aprender día a día junto a ellos y cada experiencia nos supone un nuevo reto. Además, la mayoría tenemos rol de pareja y rol de padres, por lo que compaginar ambos tampoco es una tarea fácil. Sumado a la sociedad tan cambiante en la que vivimos, la dificultad de la conciliación familiar y laboral, los diferentes valores que nos envuelven, la gran cantidad de estímulos a los que estamos expuestos, … Pues sí, ¡qué difícil!

Las Rabietas 

Nos apasionan diferentes aspectos de la crianza, algunas cosas nos asustan y otras nos llegan a desconcertar. Y a muchos nos inquietan las famosas “rabietas”, que son un verdadero quebradero de cabeza.

Es importante saber que forman parte del desarrollo evolutivo del menor y que suponen un aprendizaje para ellos. Las rabietas son reacciones bruscas y descontroladas que manifiestan cuando su deseo no ha sido concedido. Y éstas pueden tener diferentes intensidades: desde llorar desconsoladamente, hasta patalear o lanzar cosas por los aires, pegar, etc. Es la forma en la que expresan el enfado debido a que no saben controlar bien sus emociones y el repertorio puede ser amplio. Pueden empezar al año y tienen su máxima incidencia a los 2 – 3 años, que es cuando descubren su yo, tienen sus propias necesidades y quieren satisfacer sus ansiados deseos.

En esta etapa es importante acompañarlos, nos necesitan, enseñándoles una forma más madura de expresar el enfado. Es fundamental llevar a cabo un buen manejo de las primeras rabietas para evitar crear un mal hábito.

 

¿Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo?

Lo principal es tener “ojos de búho” y “orejas de elefante” para ver qué está pasando, escuchar qué nos dice y, así, poder realizar un pequeño análisis de la situación.

  • Anticipar situaciones para minimizar los efectos. Muchas veces podemos intuir cuándo nuestro pequeño se va a desajustar, por lo que podemos adelantarnos a evitar la situación o simplemente explicarle qué va a pasar.
  • Evitar las amenazas, éstas hacen que aumente la intensidad de las rabietas.
  • Mantener la calma como adulto, de lo contrario el desajuste del menor puede ser mayor. Respirar hondo, retirarse de la situación un momento, contar hasta tres, evitar elevar el tono de voz, …, pueden ser pequeñas técnicas a poner en marcha.
  • Ante una rabieta puede servir la distracción (cambiar el tema o la situación), siempre y cuando la rabieta no sea potente.
  • Evitar ceder para conseguir la calma. No permitirle lo que en un principio ha sido negado y ha desencadenado la rabieta, sino puede aprender que así consigue su objetivo.
  • Importante poder ofrecer alternativas.
  • Acuerdo entre ambos progenitores: objetivos y límites claros.
  • Así como la importancia de ser sistemáticos y perseverantes.
  • Utilizar un lenguaje claro, con tono firme y tranquilo, evitando caer en discursos largos, que se convierten en explicaciones que no llegan a entender.

Es importante que no olvidemos que la necesidad fundamental de cada niño y niña es sentirse amado.

Os dejo enlace a un cuento muy ilustrativo de Psique Atención Psicológica para el control de la ira en los niños/as.

Vaya rabieta – Cuento 

Noelia Montoya Adrián

Psychologist

Julio Verne School

Grupo Sorolla Educación