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Que la orientación académica y profesional es un proceso, es algo evidente que vemos y vivimos cada año, cada curso, en el día a día de nuestros adolescentes.

Experimentan un recorrido a través de tres ámbitos importantes: autoconocimiento, información académica y conocimiento del mercado laboral.

Durante este recorrido, docentes, equipo de orientación y familias les enviamos mensajes de: “tú puedes”, “sé ambicioso”, “sé optimista en tu elección de futuro”. Sin embargo, en el momento en que nos encontramos, donde muchos adolescentes se encuentran en pleno proceso de esa toma de decisiones, su mirada hacia el mundo ha cambiado.

El vuelco de 360º que ha experimentado la situación del mundo, nos pone ante nuestros ojos una perspectiva actual en la cual los valores universales se sitúan en los primeros puestos de salida.

Los estudiantes están viendo cómo distintas profesiones no buscan el fin económico, sino que el objetivo es salvar y proteger vidas en el menor tiempo posible.

Su mirada puede ir hacia un sitio o hacia otro, pero lo que está claro es que, diversos profesionales han reinventado su rutina, armándose de un gran potencial de innovación, creatividad y esfuerzo, con los que poder sujetar los pilares que ahora se tambalean, sin haber tenido precedentes en varias generaciones.

Ante nuestra mirada pasan ingenieros de una fábrica de coches inventando respiraderos, la producción de una fábrica textil de trajes de novias realizando mascarillas, hoteles adaptándose al cambio y dando cabida a enfermos, especialistas en ciencias de datos viendo de qué forma controlar a las personas contagiadas para controlar la transmisión de la enfermedad…

Cuando nos decían que la capacidad de cambio ante la adversidad era una de las softs skills, competencias fundamentales, en los puestos de trabajo futuros (RANDSTAND), tal y como todos los estudios demuestran, no sabíamos que íbamos a encontrar tantas evidencias y que los adolescentes iban a vivirlas en primera fila.

Además, se añade que, esa capacidad de cambio no está dirigida hacia un bien personal, individual, sino que se dirige al bien común, al bien solidario más básico: salvar vidas y ayudar a los demás.

El mundo individual, con poco compromiso, que conocíamos, se ha convertido en un mundo en el que nuestros adolescentes, con mirada inquieta, observan cómo los valores solidarios consiguen que se desplace el compromiso individual por el bien común.

El proceso de toma de decisiones que están viviendo y vivirán nuestros adolescentes seguro que se ve enriquecido por esta nueva perspectiva. Pero es muy importante que en ese proceso la familia este cerca apoyando y orientando a los hijos/as para canalizar esas nuevas inquietudes y opciones de futuro laboral.

Cristina Álvarez Martín

Head of cabinet orientation

Julio Verne School

Grupo Sorolla Educación