
Hablar con nuestros hijos e hijas puede parecer sencillo, pero no siempre lo hacemos de la manera más eficaz y respetuosa. Pero es vital, ya que la comunicación es la base de la relación con las niñas y niños, ya que les da seguridad, les enseña a expresar lo que sienten, y refuerza su autoestima y confianza.
Sin embargo, en el día a día, pueden aparecer errores que, aunque no sean intencionados, dificultan esta conexión tan necesaria.
En este artículo, exploramos los errores más comunes en la comunicación con la infancia y te compartimos prácticas claves para que tus palabras y actitudes sean una herramienta de apoyo, amor y crecimiento.
La importancia de una comunicación efectiva y respetuosa
Como hemos comentado, la comunicación efectiva con niñas y niños es vital en el crecimiento y desarrollo de los pequeños, ya que:
- Refuerza el vínculo afectivo.
- Favorece la autoestima y la confianza en sí mismos/as.
- Les enseña habilidades sociales y emocionales.
- Permite que se sientan escuchados/as y comprendidos/as.
- Ayuda a prevenir y gestionar conflictos de manera más sana.
Por el contrario, una comunicación poco cuidadosa puede generar miedo, inseguridad, sensación de no ser valorados/as y comportamientos reactivos o de cierre.
Errores comunes en la comunicación con la infancia
Por eso, para evitar una comunicación poco efectiva, queremos compartirte algunos de los errores más frecuentes y qué hacer para transformarlos en oportunidades de conexión y aprendizaje.
No escuchar activamente
Uno de los errores más habituales es escuchar a medias, responder mientras miramos el móvil o no prestar atención real a lo que dicen. Esto transmite el mensaje de que sus palabras no son importantes.
Cómo evitarlo:
Dedica unos minutos de atención plena. Mírales a los ojos, baja a su altura y valida lo que dicen. Aunque su preocupación parezca pequeña, para ellas y ellos es importante.
Invalidar sus emociones
Otro error es decir frases como “no llores”, “no es para tanto” o “no te enfades”. Aunque se diga con la intención de calmar, invalidan su experiencia emocional.
Cómo evitarlo:
Reconoce sus emociones con frases como “veo que estás triste” o “entiendo que te dé rabia”. Después, si lo necesitan, acompaña con estrategias de regulación, como respirar juntos o un abrazo.
Usar etiquetas negativas
Otro problema es decir frases que etiquetan como “eres un desastre”, “siempre te portas mal” o “eres un llorón o llorona”. Estas etiquetas afectan su autoestima y refuerzan el comportamiento negativo.
Cómo evitarlo:
Habla de la conducta, no de su identidad. Por ejemplo: “Hoy no has recogido tus juguetes y es importante hacerlo antes de dormir” en lugar de “eres un desordenado/a”.
Hablar desde la imposición y no desde la cooperación
Algo también muy habitual es dar órdenes constantemente sin explicar el motivo ni permitir participación, lo que puede generar rebeldía o desmotivación.
Cómo evitarlo:
Usa un lenguaje que invite a la cooperación. Por ejemplo: “Vamos a recoger para que la casa esté ordenada y podamos jugar más a gusto” en lugar de “¡Recoge ahora mismo!”.
No adaptar el lenguaje a su edad
Otro error habitual es utilizar explicaciones largas o palabras abstractas que no comprenden. Esto genera confusión y desconexión.
Cómo evitarlo:
Usa frases claras, breves y adecuadas a su nivel de desarrollo. Asegúrate de que entiendan preguntando: “¿Sabes qué significa esto?”, o pidiéndoles que repitan con sus palabras.
No permitir que se expresen plenamente
Las interrupciones, terminar sus frases o asumir lo que quieren decir sin dejarles explicarse, es algo que no deberíamos hacer, ya que puede generar frustración y la sensación de que su voz no cuenta.
Cómo evitarlo:
Escucha con paciencia, incluso si tardan en expresarse. Haz preguntas abiertas para motivarlos a compartir más.
Usar amenazas o chantajes emocionales
Las frases amenazantes o que incluyen chantaje emocional tipo “Si no haces esto, ya no te querré” o “Si no te portas bien, te dejaré aquí sola” pueden generar miedo e inseguridad.
Cómo evitarlo:
Establece límites con respeto. Por ejemplo: “Si terminas de recoger, podremos leer un cuento antes de dormir” o “Sé que no quieres guardar tus cosas, pero es necesario hacerlo antes de salir”.
Ignorar sus opiniones o decisiones pequeñas
Otro error que solemos cometer es no permitirles elegir en nada, aunque sea mínimo, ya que refuerza la sensación de no tener control sobre su vida y limita su autonomía.
Cómo evitarlo:
Permite tomar decisiones adecuadas a su edad: elegir entre dos meriendas, su ropa o un libro para leer antes de dormir. Esto refuerza su confianza y responsabilidad.
Claves para una comunicación más efectiva y respetuosa
Como ves, hay ciertas claves que te pueden ayudar en tu día a día para establecer una comunicación más efectiva y respetuosa con los pequeños y pequeñas:
- Escucha con atención y sin distracciones.
- Valida sus emociones, aunque no las comprendas completamente.
- Habla con respeto y evita etiquetas negativas.
- Explica los motivos detrás de los límites o normas.
- Usa un lenguaje claro, breve y adaptado a su edad.
- Ofrece opciones para fomentar su autonomía.
- Habla en positivo, enfocándote en lo que esperas, no solo en lo que no quieres.
- Sé un modelo de comunicación respetuosa.
Porque la comunicación es más que palabras: es conexión, mirada, gestos y emociones. Por eso, cuando hablamos desde el respeto y la empatía, ayudamos a que el niño o niña se sienta seguro, valorado y capaz. Es normal cometer errores, lo importante es ser conscientes y comprometernos a mejorar cada día.
En Grupo Sorolla Educación, creemos que la educación emocional y la comunicación respetuosa son pilares de un desarrollo saludable. Por eso, acompañamos a las familias y al profesorado con herramientas para educar desde el respeto, la escucha y la comprensión.
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